domingo, agosto 05, 2007

Genio artístico y locura. Karl Jaspers.

Karl Jaspers
Genio artístico y locura. Strindberg y Van Gogh
Editador por El Acantilado - 47

El año pasado, en una conversación con un amigo que versaba sobre escritores y pintores, en especial hablando de August Strindberg, del que ya hablaré largo y tendido, salió a colación este delicioso libro de Karl Jaspers, que yo desconocía pero que anoté de forma ávida en mi libretita de bolsillo. Semanas más tarde, un mañana de primavera que me dejé seducir por las librerías de esta ciudad, curioseando entre libros y novedades, me sorprendí gratamente al verlo en la estantería y, tras comprobar en mi libreta que se trataba del mismo que me recomendó este estimado amigo, decidí rápidamente adquirirlo para leerlo pronta y sagazmente. En ese momento me sentí dichosa.

El autor, Karl Jaspers, nacido en Oldenburg en 1883, ciudad alemana situada en el estado federal de la Baja Sajonia, estado en el que yo, orgullosa lo digo, también nací, estudió medicina y filosofía, especializándose en temas relacionados con la psicopatología, ejerciendo su conocimiento y docencia en la Universidad de Heidelberg y más tarde en la de Basilea, donde falleció en 1969. En este libro, dividido en dos grandes capítulos, Jaspers consigue desarrollar de forma rigurosa y precisa, desde el punto de vista médico, un análisis comparativo de las trayectorias artísticas y vitales de estos dos artistas en relación a las patologías de otros dos conocidos pensadores como fueron Swedenborg y Hölderlin. Un riguroso estudio, desde el punto de vista psiquiátrico, de lo denominado como tipología esquizofrénica. Lo realiza con maestría ya que manifiesta muy explícita a la vez que categóricamente las relaciones existentes entre locura y creatividad artística.

El primero de esos dos grandes capítulos, de los cuales está compuesto el libro, está dedicado exclusivamente a Strindberg, con una extensa y continua alusión a su biografía y a sus obras, sobre todo en su faceta literaria, de las cuales el autor destila lo que fueron sus síntomas y patologías traducidos a su vertiente artística para acercarnos a un diagnóstico hetéreo pero no por ello menos preciso de su concepción del mundo en relación a su genialidad. En el segundo, hace un estudio comparado de los resultados extraídos de Strindberg en relación con otros esquizofrénicos de categoría intelectual, siempre basados en el binomio y relación esquizofrenia/obra, en el cual como caso paralelo a Strindberg utiliza sucintamente a Swedenborg, y como caso paralelo a Van Gogh, a Hölderlin. El libro sorprende porque, a pesar de la utilización de un lenguaje científico y médico, en ningún momento el lector tiene la sensación de tener en sus manos un tedioso e incomprensible informe médico, al contrario, todo va fluyendo con naturalidad clara y comprensible, a la vez que consigue descrifrar terrenos biográficos, actitudes, reacciones, consecuencias activas de sus vivencias que nos acercan de forma cotidiania, y con matices filosóficos, a los infiernos y torturas que para estos autores supuso el hecho de tener que convivir con una enfermedad mental que fue un factor decisivo en la existencia de los mismos.

Es obvio que en este tipo de estudios puede resultar latente la ambiguedad, sobre todo a la hora de tratar la patología de la esquizofrenia y más con pacientes y datos nada cercanos al autor del estudio, pero aún así Karl Jaspers consigue mantener, de forma llamativa, la atención del lector interesado en conocer más allá de lo meramente material y profundizar en los pasadizos mentales de gente considerada genial por sus conocimientos pero, sobre todo, por sus actitudes y el reflejo de éstas en sus obras. Recomiendo el libro vehementemente a aquel que quiera hacerse una idea rigurosa de lo que fueron aquellos episodios mentales y las consecuencias artísticas que nos han legado. En definitiva, a todo aquel, que como decía antes, quiera adentrarse en el misterio que supone el estudio de la locura y a otros tantos que, por desconocimiento o ignorancia, temen acercarse a él. Genio y locura. Creación y enfermedad. Un debate que, aún hoy en día, hace correr ríos y ríos de tinta en busca de ese conocimiento que todos llevamos dentro.

Al margen del libro pero relacionado con su editorial, El Acantilado, adjunto la dirección de la misma por considerar que todas sus publicaciones merecen un repaso y lectura sosegada:
http://www.acantilado.es/



viernes, agosto 03, 2007

En femenino singular.

Sin título, 1948
Grete Stern


.../... Nun Claricia/Diemud or Diemudus/Nun Ende/Nun Guda or Guta /Abbess Hitda/Properzia de Rossi/Levina Teerlinc/Caterina van Hemessen/Sofonisba Anguisola/Diana Scultori/Lavinia Fontana/Fede Galizia/ Barbara Longui/Artemisa Gentileschi/Clara Peeters/Judyth Leyster/Lovisa Moillon/Josefa de Obidos/Maria von Oestewyck/Elisabeth Sirani/Maria Sibylla Merian/Raquel Ruysch/Rosalba Carriera/Marianne Loir/Anna Dorothea Therbusch/Angelika Kauffmann/Marie Anne Gerard Fragonard/Adelaide Labille-Guiard/Marie Victoire Lemoine/Marie Luise Elisabeth Vigee-Lebrun/Maria Cosway/Rose Adelaide Duceux/ Marguerite Gerard/Elizabeth Leveson-Gower/Marie Anne Collot/Eurilda Laomis France/Grace Carpenter Hudson/Suzanne Valadon/Lee Lufkin Kaula/Jessie Benton Evans/Käthe Kollwitz/Maud Mary Mason/Lady Gordon/Anna Clay Paole Peale/Ann Hall/Lizinka-Aimee-Zoe de Mirbel/Christina Robertson/Sophie Rude/Julia Margaret Cameron/Emma Stebbins/Anne Withney/Rosa Bonheur/Salome Hensel/Eleonor Vere Boyle/Joan Mitchell/Nancy Spero/Berth van Hoesen/Gracia Barrios/Sarah Garner/Helen Frankenthaler/Rita Letendre/Yayoi Kusama/Magdalena Abakanowicz/Marisol/Niki de Saint-Phalle/Carol Hoorn Fraser/Lee Bontecou/Audrey Flack/Marisa Merz/Anna Bella Geiger/ Hilla Becher/Koo Mei/Graciela Rodo-Boulanger/Eva Hesse/Tamami Shima/Nancy Holt/Judy Chicago/Elizabeth Murray/Lynda Benglis/Hanne Darbiven/Coosje Van Bruggen/Anette Messager/Rebeca Horn/Marina Abramovic/Hung Liu/Ana Mendieta/Annie Lebovitz/Rocio Maldonado/Nan Goldin/Cindy Sherman/Jana Sterbak/Eva Fuka/Louise Bourgeois/Frida Kahlo/Sonia Delaunay/Lee Krasner/Dorothea Lange/Tina Modotti/Zinaida Serebryakova/Sophie Taeuber-Arp/Elizabeth O'Neill Verner/Elena Bonafonte Vidotto/Charmion Von Wiegand/Bessie Potter Vonnoh/Olga Rozanova/Natalia Goncharova/Varvara Stepanova... y todas las que fueron, son y serán. Y más.
Porque el camino no es fácil y más cuando la historia no la construyen ellas. Por todas, para todas y con todas.

jueves, agosto 02, 2007

Mirar y ver. El sentido de la vista.




Cuando hice este dibujo con pastel y carboncillo era un día en el que llegué a casa algo atemorizada. Sí. Ese día, por toda la ciudad, sentí miles de ojos que descaradamente se me cruzaban y miraban, por no tropezar conmigo, por dejarme pasar en la acera o simplemente porque nuestras direcciones se oponían. Fue un día lleno de retinas e iris, marrones, negros, verdosos, azules los que menos, todos iban danzando en sus órbitas como planetas celosos de su universo. El ser humano está diseñado para observar, para captar una realidad externa a la suya propia pero también, hay momentos como aquel día, en los que eres consciente que también estás expuesto a ser observado, a pasar a sujeto, más bien a objeto de curiosidades y entidades dispuestas a hacer de lo nuestro algo propio. En ese momento les pertenecemos, dejamos de mirar para ser mirados, son momentos simultáneos pero en nuestro interior debatimos sobre quién es el poderoso en ese instante, si el que nos observa porque se apropia de nosotros por unos segundos o si, bien, nosotros porque estamos siendo conscientes de una acción ajena a nosotros mismos.
La cultura occidental está llena de representanciones gráficas de la mirada y su elemento físico, el ojo, imágenes que forman parte de la iconosfera no sólo artística o cultural sino también mediática. Imágenes paganas y religiosas, ciéntificas, médicas... Todas ellas giran entorno al misterio de la visión. Los egipcios ya representaban el ojo con marcados caracteres pictóricos para resaltarlos, e incluso entraban en deformaciones para acrecentar su tamaño en relación al resto de los rasgos de la cara. ¿Quién no recuerda la escena del ojo atravesado por una navaja afilada en 'Un perro andaluz' de Luis Buñuel? Me viene a la mente, y sonrío, la imagen de la luna del corto de 14' de duración de Georges Méliès 'Viaje a la luna'. Un cohete pinchado en el ojo derecho de una luna mágica y personificada que acentúa el hecho de que los exploradores la habían observado para poder ir a ella. Observar, una vez más. Mirar, ver. La iconosfera del ojo está en todo los que nos envuelve, con su matiz metáfisico de convertirlo no sólo en elemento o soporte sino en objeto de sensaciones, sentimientos, inquietudes, en definitiva, un arma muy poderosa.
Veo, veo, ¿qué ves? Así empiezan ya a jugar los niños, a ser conscientes de que con la mirada, la suya, tienen un poder que puede ya formarlos en el 'saber' y 'ganar', sí, ganar un simple juego pero ya tienen como propio ese arma poderosa de antes. En 'La ventana indiscreta', Hitchcock desarrolló, de forma magistral y extraordinaria, lo que la mirada es capaz de producirnos, ahí se manifiesta claramente el rol del observador y del observado, más alla de lo meramente plausible o físico, es decir, imaginando con lo que vemos lo que puede ser la realidad. Y así miles de ejemplos literarios, como el Dorian Gray que se observa en el espejo de forma narcisísta, o artísticos, como los simbólicos ojos de Odilon Redón o los esquizofrénicos de las video-instalaciones de Tony Oursler, cinematográficos como los ya reseñados, incluso musicales, ¿cómo no recordar ese 'Smoke get in your eyes' de The Platters o de las distintas versiones que existen?
Desde los antiguos para los cuales, generalmente, el ojo era un signo de divinidad, la manifestación de una vida superior, de la vida eterna, hasta los pintores renacentistas que ordenaron el mundo con su mirada, y el mundo coincidía con su visión, era lo que sus ojos contemplaban desde un determinado lugar. De esta manera, desde siempre hemos tenido presente el sentido de la vista, tan importante en los platónicos para los cuales la percepción del mundo y, de la belleza en particular, ya se hacía exclusivamente a través de los dos sentidos principales, la vista y el oído. Así me sentí, todo eso giraba en mi mente cuando llegué a casa esa noche con la presencia de cientos de miradas, conscientes e inconscientes, sobre mí. Estaba inquieta, excitada, tremendamente sorprendida de comprobar como ése día, y no otro, sentí todo el peso de la mirada humana y tecnológica sobre mí. Ojos de músculos y nervios, ojos de acero y lentes de óptica pero, en definitiva, miradas humanas y plastificadas que todas ellas habían traspasado la capa más fina y sensible de mis sentidos.
Con todo ello os hago una invitación a mantener atentos los ojos del alma para ampliar vuestra visión. Que la curiosidad nos haga tan divinos como a las deidades ancestrales y tan mortales como a los que día a día nos miran por la calle. Y si os inquietáis, no importa, id junto a la ventana, asomados y mirad.

miércoles, enero 03, 2007

Las artes decorativas medievales. John Cherry.


Las artes decorativas estaban muy presentes en la sociedad de la Edad Media. Multitud de objetos reflejaban temas como el de la Naturaleza y la vida rural que tomaron protagonismo ya en la Alta Edad Media. Motivos animales y vegetales eran frecuentes en el mundo sajón y Francia ya que se produce un aumento del naturalismo con la observación de la naturaleza en el siglo XIII. Se toma la idea de Santo Tomás de Aquino en la que afirma que el arte es imitación de la Naturaleza. Esto se ve reflejado, por ejemplo, en los capiteles de la Sala Capitular de Southwell Minster en Nottinghamshire, o en la escultura en piedra en general dónde los capiteles dan un paso de la rigidez hacia más naturalismo, por ejemplo la escultura de principios del siglo XIII en la Catedral de Reims. También lo vemos en instrumentos musicales y en tapices que eran parte de la decoración de las residencias de las clases nobiliarias. La sociedad medieval dependía de su éxito en la lucha contra la Naturaleza y esto hace que se va reflejado en los objetos cotidianos. Se produce una imagen idealizada del campo, con representaciones del mensario, debido a la importancia del trabajo de los meses, por ejemplo en los frescos de la Torre Longthorpe, o en infinidad de azulejos. Y surgen escenas de caza como la cetrería por la importancia de las aves, ligado ello a las clases altas y una muestra variada y rica de bestiarios, la lucha entre hombres y animales con representación de leones (animal real), grifos, perros como símbolo de fidelidad y lealtad. A parecen monos y babuínos en decoración de manuscritos. Se da una jerarquización de la animalística, el león es el rey. Se produce un mundo al revés.

La heráldica también tuvo ligazón importante en la vida cotidiana y se veía representada en cualquier tipo de objeto decorativo. Su desarrollo es característico del siglo XII y es una muestra fehaciente de la identidad de la realeza y la nobleza. Se encuentra plasmada en el vestuario y utensilios de los caballeros como son los arneses, colgantes, cintas de caballo, estandartes en su mayoría, al igual que en otra clase de objetos que no tienen que estar relacionados directamente con el entorno del caballero. Las más frecuentemente representadas eran las armas de los reyes de Inglaterra hasta que se produce una separación de las armas francesas e inglesas hacia el 1340 con el reinado de Eduardo III. El color para la decoración con heráldica de los diversos objetos es un elemento importante, siendo los más utilizados el rojo, azul, verde, púrpura y negro. Asimismo se hace un empleo del esmalte bastante desarrollado. Tomaron importancia también la divisas como emblema o marca de una persona o familia para ser reconocida y fueron sustituyendo a la heráldica por ser un modo más sencillo y directo de identificación. Tenían formas dispares como perros de plomo, cisnes blanco, azulejos, jarras y elementos de mesa. Ambas ratifican las posesiones y el status de quien las porta.

Otros objetos importantes en la vida cotidiana de la Edad Media eran los utilizados en banquetes y festines. Salones que estaban decorados con heráldica y en donde había una diferencia entre quienes comían y quienes servían. El pavo real estaba representado en los banquetes más elaborados y estaba cubierto por hojas de oro. En Inglaterra alcanzó gran importancia la figura del salero que marcaba donde se sienta el anfitrión. Cuencos, jarras, aguamaniles, cacharros de cocina, cubiertos, todos ellos de materiales diversos según la clase social a la que pertenecían. Metales nobles para los objetos de las clases altas como, oro, plata, los más frecuentes las cucharas y plata dorada, que fueron siendo poco a poco sustituidos por los realizados en peltre, una aleación que los hacía más duraderos y menos frágiles, utilizado para vasijas y vajillas. Portaban decoraciones e inscripciones de armas. El aguamanil constituía un elemento importante ya que el hecho de lavarse las manos y la higiene en general era una actitud muy practicada. En relación con la higiene también había una extensa variedad de jarras y jofainas para lavarse las manos antes de comer. Esto es importante ya que se comía con las manos, los cubiertos son algo que surge a posteriori. Dentro de la cubertería, y debido a esto último, el cuchillo era el más familiar, trinchar las viandas era todo un honor. Existía dos clases de cuchillos: dos pequeños de punta afilada y dos grandes de hoja ancha y delgada como lo demuestra una acuarela del juego de cuchillos de finales del siglo XIV que perteneció a Juan sin Miedo, duque de Borgoña y que pasó posteriormente a su hija. Los mangos eran de madera, las más ricas, taraceas esmaltadas. Las cucharas era de madera metal o asta las más frecuentes y las de plata pasaban de generación en generación en generación como algo propio y de valor que se transmitía. La cerámica era el material más empleado entre los utensilios de la clase humilde así como la madera para los cacharros. Se produce una jerarquización en el desarrollo de los banquetes. Los cacharros de cocinar raramente estaban decorados, eran de barro y metal (bronce) pero no así los recipientes de la mesa, los cuales tenían temas animalísticos o rostros humanos como ocurre en infinidad de jarras. También se producía el hecho de que el propio objeto tomara formas de animales y humanas, sobre todo en los elaborados con cerámica. Algunas veces se producía una decoración con escudos heráldicos. Una curiosidad la produce el hecho de que los bufones, en los banquetes portaban una especie de vara que también aparecía decorada.

Otro tema importante plasmado en los objetos decorativos es el del amor cortés y los romances. Forma parte de la inspiración de poetas y artes y decorativas. Surge a finales del siglo XI en el Languedoc, sur de Francia. Trata la humildad, la cortesía y la devoción al ideal de amor. Se desarrolla en castillos y cortes donde las señoras y damas establecen modales de comportamiento. El amor cortés significo un cambio en el concepto de amor, ya que se da una idea de éste de forma más libre y no ligado al matrimonio, si no fuera de él donde hay un intercambio del rol entre el hombre y la mujer, ella es la que somete y el hombre el sometido. El adulterio se produce porque los matrimonnios era de conveniencia, no se producían por amor. Hay gran variedad de temas en los romances, que decoran los objetos: “Tristán e Isolda”, “Lanzarote y Ginebra”, “El Caballero del Cisne”, etc. Se producen vastas escenas de amor en diversos objetos. Se representan en arquetas, arquetas de madera recubiertas de cuero con un empleo de símbolos para expresar el amor como la cetrería y la halconería y el emblema del corazón como hoy en día aún se usa, muy representado en alhajas como pendientes, broches, anillos que se regalaban por parte del amado como prueba de amor. Se produce un uso generalizado de las inscripciones simbólicas del tipo “Ie sui de druerie, si ne me donei mie” (Soy una muestra de amor, no me regales). Inscripciones generalizadas sobre todo como rasgo característico de los anillos y broches medievales: “Amor vincit omnia” (El amor lo puede todo), “Mon cuer avez” (Tienes mi corazón.) Eran regalos caros debido a lo que significaban, un presente tradicional que todo amante debía hacer. Como muestra este consejo de Charles d’Orleans, poeta francés del siglo XV: “Piensa en algo que pueda ablandar el corazón, / y envíaselo para calmar tu sufrimiento (de amor): / algún corazón, o anillo, o carta, o divisa, / o piedra preciosa; pero no repares en el precio.)

Como dice J. Cherry, solamente a través de la observación y el estudio de los fragmentos que se conservan del arte medieval secular, podremos llegar a apreciar la riqueza y complejidad de la vida medieval.